Como todos los chicos de Irlanda,
Oscar aprendió de memoria
las leyendas
del Rey Arturo, sus caballeros y el mago Merlín. Este cuento revela su
sensibilidad para captar, frente a la indiferencia de muchos de sus
contemporáneos, toda la crueldad de la pobreza.
La poesía y la magia de
las palabras, que manejó como pocos, lo ayudaron a defenderse de la
condena de una sociedad intolerante.
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